LEY DE MOORE VS PATRÓN DE LOS LÍMITES DEL ÉXITO: UNA (SERIA) REFLEXIÓN SOBRE LA RAZÓN Y LOS LÍMITES DEL PROGRESO TECNOLÓGICO


Las expectativas que ha generado el progreso tecnológico que supone la “transformación digital” nos aportan fundados motivos para ser claramente optimistas. Sin embargo, el optimismo nunca puede renunciar a dosis adecuadas de prudencia ni debe permitir que se obvien aspectos potencialmente problemáticos, como puede estar ocurriendo en la actualidad. ¿Progreso? ¨Sí, por supuesto. Pero sin perder la perspectiva…

“Dos cosas contribuyen a avanzar:
ir más deprisa que los otros
o ir por el buen camino”

René Descartes (1596 - 1650)


LOS POSTULADOS

Gordon E. Moore, uno de los fundadores de Intel, vaticinó en una entrevista ¡en 1965!, en base a sus observaciones, que el número de transistores en un procesador se duplicaría cada año. Posteriormente, en 1975, actualizó su afirmación indicando que tal duplicación se produciría cada dos años. En definitiva, postuló un crecimiento exponencial (progresión geométrica, no aritmética) en la velocidad de tratamiento de datos de las computadoras, algo que ha venido ocurriendo hasta ahora. Es lo que se conoce como LEY DE MOORE, que está sirviendo de base para que se prodiguen avances espectaculares en todo lo referente a lo digital y, más allá, en la riqueza, prosperidad y bienestar de la sociedad.

En Teoría de Sistemas, existe un postulado ampliamente aceptado, el PATRÓN DE LOS LÍMITES DEL ÉXITO, que nos dice que todo sistema crece hasta un cierto punto, ya sea porque ha exprimido todo su potencial (ha llegado a su techo natural) o porque crea disfuncionalidades en otras partes del sistema que compensan y anulan las posibilidades de seguir mejorando. Por poner un par de ejemplos sencillos, el crecimiento del transporte de mercancías siempre tendrá el techo del comercio mundial; y la salud de una comunidad no podrá mejorar, por muy prospera que sea y por mucho que mejoren las técnicas médicas si la actividad productiva genera una gran polución ambiental.


ALGUNAS PISTAS

El propio Moore predijo en un principio que su PREDICCIÓN se cumpliría solo durante dos décadas. Han pasado más de cincuenta años y sigue vigente aunque se estima que está a punto de dejar de cumplirse.

Por su parte, la Teoría de Sistemas lo que viene a decir es que los primeros avances en un propósito siempre son rápidos porque, precisamente, se suele partir desde una posición inicial donde hay mucho recorrido por delante. Así ha pasado con la ciencia de los procesadores y de ahí el límite que puso el propio Moore. Sin embargo, la propia Teoría de Sistemas reconoce como una posibilidad el hecho de que un LÍMITE PREVIO PUEDE SER DESPLAZADO MÁS ALLÁ por una modificación intencionada o fortuita en los elementos del propio sistema. En el caso de los conductores, así ha ocurrido con el desarrollo de nuevos procedimientos y la utilización de nuevos materiales. Y no es de extrañar que vuelva a suceder.

Por otra parte, he llegado a ser testigo de afirmaciones que me parecen desproporcionadas precisamente porque se basan en una visión muy corta y no tienen en cuenta otros factores en el sistema que si pueden suponer un freno. Así, he podido constatar uNA CONFIANZA EN EL AVANCE TECNOLÓGICO que fuerza los límites de la prudencia y que puede llegar a ser incluso temeraria. No deberíamos olvidar que toda modificación en un elemento de un sistema tiene efectos secundarios que se reparten el resto del mismo. En estos casos de los que hablo, el entusiasmo, la urgencia en progresar por progresar y la falta de perspectiva pueden llevarnos a GRANDES Y GRAVES EQUÍVOCOS.


ALGUNOS LÍMITES Y RIESGOS

Uno de los factores limitadores en este progreso imparable que se está produciendo gracias al desarrollo de la tecnología digital puede ser la DISPONIBILIDAD DE RECURSOS. El crecimiento de la riqueza, la población y el consumo que posibilita el nuevo mundo digital está esquilmando los recursos naturales. Y no hablo solo de las materias primas necesarias para la producción; también de recursos tan básicos como el agua potable, que puede llegar a tener tanta importancia en el futuro como el petróleo en nuestra época.

Otro factor limitador se encuentra en la CONTAMINACIÓN AMBIENTAL que genera este crecimiento acelerado. No solo hablamos de la contaminación atmosférica, ya de por sí grave. Por ejemplo, la contaminación del mar por el vertido de plásticos se está convirtiendo en un enorme desestabilizador del ecosistema marino, esencial para nuestra subsistencia.

Los únicos recursos que crecen abundantemente son los “recursos humanos”: la población sigue creciendo a un ritmo acelerado aunque se espera que en las próximas décadas, antes o después, se produzca una notable desaceleración. La paradoja es que la tecnología (la robótica, por ejemplo) también está terminando por “EXPULSAR” DEL SISTEMA PRODUCTIVO AL PROPIO SER HUMANO para abaratar los costes de producción, mejorar la productividad, reducir los precios y poder incrementar las ventas, los ingresos y los beneficios. Pero ¿cómo puede ser esto posible si, precisamente el ser humano es, además de productor, el cliente que consume la producción? ¿Cómo podría una población empobrecida por el desempleo sostener el sistema en su conjunto si es expulsada del mismo? Desde luego, se requerirá hacer ajustes muy finos para evitar que el sistema entre en una grave fase de inestabilidad y se agudice la desigualdad en la distribución de la riqueza.

Es mi opinión que existe otro riesgo más sutil, que reside en el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA) y, concretamente en lo que se denomina “la singularidad tecnológica” que viene a definirse, más o menos, como el momento en el que la IA sea capaz de auto-mejorarse de forma ininterrumpida (en definitiva, crear otra IA mejor que sí misma), algo que se prevé que ocurrirá hacia el año 2040. Cuando lleguemos a crear una inteligencia capaz de tomar decisiones sobre su propia mejora y, por tanto, sobre lo más conveniente para ella ¿podremos seguir fijando los límites de su actuación? ¿SEREMOS CAPACES DE CONTROLARLA sin que asuma la responsabilidad e iniciativa sobre su propia existencia? Dejo ahí la duda sin posicionarme al respecto pues es un tema sumamente complejo.


LA ÉTICA: LA MAGNA CUESTIÓN DE ‘PARA QUÉ’, DE ‘CÓMO’ Y DE ‘CON QUÉ CONSECUENCIAS’

Para finalizar, tal vez nos deberíamos hacer OTRO TIPO DE PREGUNTAS que parece que nos hemos prohibido hacer en medio de tanto entusiasmo: ¿Realmente nos es útil tanto progreso y en tantos ámbitos como lo desplegamos? ¿No nos habremos metido en una espiral poco meditada en la que el progreso se ha convertido en un fin en sí mismo, más allá de la utilidad que reporta a la sociedad? ¿Es soportable el coste social y ambiental que vamos a pagar? Al analizar nuestro futuro ¿estamos teniendo en cuenta todos los elementos del sistema para no crear desequilibrios y consecuencias inesperadas? ¿Tenemos el control sobre nuestro propio destino o nos hemos metido en una carrera cuya disparatada meta es seguir corriendo cada día más rápido?

PROGRESO, SÍ. Con contundencia y disfrutándolo. Pero sin dejar que se nos vaya de las manos…

Emilio Muñoz
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