¡A MUERTE…! (EN TORNO AL LIDERAZGO -2 de 2-)

“Para liderar es preciso seguir”
Lao Tse

“Coraje es la principal cualidad del liderazgo, en mi opinión. No importa dónde se ejerza”
Walt Disney

“La tarea de un líder es llevar a su gente de donde está, hasta donde no haya llegado jamás”
Henry A. Kissinger


Realmente, un líder lo es, en primer lugar, por cuanto ejerce con soltura el liderazgo sobre sí mismo: lo es al convertirse en un ejemplo para su equipo, de tal manera que sabe conseguir de si mismo el máximo de lo que pide a los demás. Por tanto, un líder debe ser un ejemplo de motivación y entrega, de capacidad analítica y clarividencia, de equilibrio emocional y pasión por el logro, de visión estratégica y agilidad en la toma de decisiones. Y un líder debe ser un ejemplo de acción y dinamismo, de voluntad y entrega, de solvencia y empuje. Un líder debe ser un conseguidor nato, alguien que se propone algo y tiene la suficiente entereza y perseverancia para conseguirlo.

Y un líder lo es, también, por saber transmitir su fuego e incendiar el espíritu de los miembros de su equipo. Ejercer el liderazgo supone transmitir y compartir la pasión por el proyecto común. Un proyecto que, más allá de la aportación del líder, debe enriquecerse con la participación de todo aquel que tenga en sí mismo algo que pueda enriquecerlo.

Por último, un líder ejerce como tal al llevar a buen puerto los diferentes propósitos del grupo, y al generar una confianza tal que dicho grupo esta dispuesto a poner su destino en las manos de ese líder, especialmente en aquellos momentos de máxima dificultad. Precisamente es, en esos momentos, en los que el líder demuestra su valía como tal, y en los que puede comprobar la solidez de su liderazgo, además del valor de su equipo.

En definitiva, si hay un grito de guerra en el cual se pueda condensar todas las virtudes del liderazgo y del trabajo en equipo es precisamente ese con el que he titulado este post: ¡A muerte…! hablando en sentido figurado, por supuesto.

P.S.: La esencia de un líder es aunar las voluntades individuales de las personas puestas bajo su mando. Pero la vocación de un líder es conseguir los objetivos que precisa su organización, convocando la participación voluntaria y decisiva de todos aquellos actores -internos y externos- cuya intervención es necesaria para alcanzar los objetivos marcados. En esta visión amplia de liderazgo, cualquier persona puede demostrar sus dotes mientras asuma una responsabilidad, por pequeña que sea esta. Y esto es así porque, trabajando en equipo, el desempeño de cualquier puesto requiere la convocatoria de todos aquellos que directamente participan o requieren de su correcta ejecución: ayudantes, directos, proveedores (externos e internos), clientes (externos e internos), responsables directos e indirectos, organismos publicos, etc… En este sentido, cualquier puesto -por pequeña que sea la responsabilidad- requiere de un líder. Y, viceversa, cualquier persona puede demostrar sus dotes de liderazgo en cualquier puesto. Es más cuestión de disposición que de oportunidad.
Emilio Muñoz
Soluciones reales de gestión para la empresa

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Una de marcianos...
(por yostiria)


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