SOBRE EL USO DEL TIEMPO Y LA NECESIDAD DE DILUIR EL MUNDO VUCA
(Y UNA REFLEXIÓN FINAL SOBRE LA PARADOJA DE FERMI)


“El sociólogo alemán Hartmut Rosa habla de “inmovilidad frenética”
y diagnostica de forma apocalíptica que nos hallamos en un colapso
entre la expansión tecnológica y la creciente sensación de que nunca
conseguiremos los objetivos que nos planteamos”

El País – Ideas, 07/05/2017

UN RESUMEN
Tanto en la empresa, ejerciendo profesionalmente, como en nuestra vida privada se hace necesario establecer un propósito sano e inspirador que guie adecuadamente nuestra actuación hacia fines nobles. Es un requisito para nuestra salud mental y emocional.

Frente a ese espíritu ciegamente competitivo y a esa voracidad consumista que se ha instalado en nuestra sociedad VUCA (admirada y alabada por algunos), el futuro de la humanidad solo puede atisbarse esperanzadora si se extiende la colaboración, el consumo responsable y la solidaridad sin fronteras. La empresa puede ser el primer escenario de ese cambio trascendental para el futuro de la humanidad.
PARA PROFUNDIZAR EN EL TEMA…
El problema es más grave de lo que plantea la cita que he insertado más arriba, tomada hoy mismo del diario EL PAÍS. Habría que preguntarse: ¿Cuáles son nuestros objetivos? ¿Son unos objetivos fruto de la reflexión serena? ¿O, por el contrario, la vida acelerada (el consumo acelerado del tiempo) se ha convertido en el objetivo en sí mismo? ¿Qué propósito tiene el uso que hacemos de nuestro tiempo y nuestra propia vida?

Nuestro mundo competitivo y consumista es un mundo en el que la competitividad (esa que solo acepta el triunfo y la hegemonía) y el consumo compulsivo (comprar por el placer de comprar) se han convertido en un fin en sí mismo. Los valores humanos y los nobles propósitos juegan un papel marginal: especialmente por esa carencia de tiempo para reflexionar.

A mí nuestro frenético mundo VUCA (acrónimo, en inglés, de volátil, incierto, complejo y ambiguo) me recuerda de alguna manera al furor que movilizaba a buena parte de la sociedad en la Alemania nazi. Entonces sí que había un propósito, por siniestro que fuera, pero estaba en la mente de sus dirigentes. La sociedad, en su conjunto, avanzaba ciega y febril tras de sus líderes. Realmente, el fin se olvidó y solo quedó el éxtasis de esa droga en que se convirtió el fervor acrítico e irracional por sus líderes y sus símbolos.

Puestos a ser transigente con este mundo VUCA, hasta puedo admitir que se viva un tanto acelerado, pero nunca debe faltar un noble empeño: nunca se debe caer en el error de correr por correr, de competir por competir o de consumir por consumir. Sin fines no somos nada ni llegaremos a puerto alguno.

Afortunadamente hay un enfoque enriquecedor. Se trata de un planteamiento que no es nuevo y que la humanidad lleva siglos necesitando poner en práctica: colaboración en lugar de competitividad, solidaridad en lugar de supremacía, consumo responsable en lugar de consumo compulsivo. Solo en este marco pueden surgir empresas y sociedades en las que crezca el bienestar (no solo material) y donde la vida sea un gratificante paseo.

UNA (PREOCUPANTE) COLETILLA: LA PARADOJA DE FERMI

“Esto sugería [la paradoja de Fermi] que nuestro conocimiento y
observaciones eran defectuosos o, desde un punto de vista más oscuro,
que toda civilización avanzada desarrolla con su tecnología el potencial
para autodestruirse”

Rocío P. Benavente
El Confidencial, 11/09/2014


Enrique Fermi, en una charla con otros científicos destacó lo que le parecía una paradoja: que hubiera una estimación tan optimista sobre la existencia de vida en otros planetas y que no tuviéramos evidencias mínimamente claras de que fuera así.

La humanidad debe sentirse orgullosa de los avances alcanzados en cuanto al conocimiento del universo y, también, de sí mismo. Sin embargo, la humanidad debe plantearse en este momento de su historia si no debe cambiar su mentalidad y su espíritu, precisamente a través de la colaboración, la solidaridad y un consumo responsable.

La capacidad de destrucción de nuestro armamento es inimaginable. El grado de control de nuestras actividades empieza a ser agobiante. El nivel de competitividad sigue siendo incontrolable (ahora ya no por cuestiones de supervivencia sino de enraizamiento en nuestra cultura) Los niveles de contaminación empiezan a tener repercusiones inesperadas y aceleradas. El agotamiento de los recursos naturales no es menos preocupante, por mucho que la ciencia cree sustitutivos de laboratorio.

Y lo peor de todo es que corremos sin pensar en las consecuencias. En este contexto, la versión más oscura de la paradoja de Fermi se transforma en una posibilidad escalofriante. Deberíamos pensar detenidamente en ello…

Emilio Muñoz
Soluciones reales de gestión para la empresa

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