"Finalmente, para mostrar su despreocupación y el desprecio
que le inspiraba su adversario, la liebre se tendió a descansar
sobre un lecho de tréboles. La tortuga, entre tanto, seguía
avanzando trabajosamente, centímetro tras centímetro"
Esopo (Αἴσωπος, que vivió alrededor del año 600 a.C.)
"La liebre y la tortuga"
Inicio con esta entrada lo que pretende ser un breve acercamiento a esos OTROS FACTORES DE ÉXITO que habitualmente no se tienen en cuenta porque "no venden" (no cran modas super-ventas), que recalan en VIRTUDES Y HÁBITOS BÁSICOS para alcanzar nuestros objetivos personales y empresariales, y que resultan imprescindibles en estos momentos de GRAVE CRISIS ECONÓMICA, de alternativas estratégicas y de valores.
El primero de estos factores que voy a mencionar es la HUMILDAD, una virtud básica que alinea o matiza todos los demás rasgos de nuestro carácter, así como de nuestra forma de pensar y actuar. Este es un factor que considero que no es fundamental para el éxito pero sí que lo es para NO FRACASAR. Y eso independientemente del talento que poseamos.
Creo totalmente acertado que en este país -España-, en Europa y, en general, en el mundo desarrollado, nos hemos acostumbrado tanto a que nos vayan bien las cosas que nos hemos DORMIDO EN LOS LAURELES. Es paradójico que habiendo hablado tanto de la velocidad del CAMBIO y de lo ágiles que debemos ser en adaptarnos a ellos, no nos hayamos dado cuenta de que en otras partes del mundo ponían en juego FORMAS DE COMPETIR (no siempre éticas o tan éticas como las nuestras -algo de lo que también somos co-responsables-) que nos dejaban en FUERA DE JUEGO, cada vez con mayor contundencia.
Y no quiero que se me confunda, que el juego no consiste (o no debería consistir) en que una parte del mundo viva bien a costa de que otra parte viva mal. No, que yo creo que cabemos todos. La cuestión reside en el peligro de VIVIR POR ENCIMA DE NUESTRAS POSIBILIDADES, o de creer que nuestra superior preparación nos hace mejores profesionales o personas, o de pensar que siempre se mantendrá el estatus y el papel que mantenemos en el mundo porque lo ha sido en los últimos años, o de ser tan COMPLACIENTES CON NUESTRAS DEBILIDADES Y ERRORES como somos, o en ECHARNOS A DORMIR cuando deberíamos estar trabajando afanosamente, que el tiempo es oro. Debemos reconocer que somos un poco torpes y que no hemos jugado muy bien nuestras bazas.

Y es que quince años, más o menos, de bonanza económica nos han hecho olvidar que se basaba en la ESPECULACIÓN (la famosa burbuja inmobiliaria de este país -la economía del ladrillo-, por no mencionar la financiera a nivel mundial), que se producía una grave PROCESO DE DESLOCALIZACIÓN DE LA ACTIVIDAD INDUSTRIAL (debido a la inflación de costes fruto de lo buenos que nos creíamos, mientras cada vez comprábamos y producíamos más en el exterior) o que estábamos favoreciendo un proceso de REDUCCIÓN DE LA ACTIVIDAD EN EL SECTOR PRIMARIO de la economía, tan estratégicamente importante por mucho que ya no sea el de mayor peso.
En realidad, mientras nosotros nos vanagloriábamos de lo buenos que éramos y recurríamos a la PEREZOSA ESPECULACIÓN como motor de nuestra economía, o nos entregábamos a un OSTENTOSO CONSUMISMO como símbolo de nuestro irreal poderío; el resto del mundo prosperaba gracias a nuestra SOBERBIA y a nuestra INCOMPETENCIA. Por eso, en mi opinión, esta CURA DE HUMILDAD que estamos sufriendo nos la merecíamos, por muy doloroso que sea decirlo, debido a su alto COSTE SOCIAL: aprendamos, rectifiquemos y recuperemos -entre todos- nuestra credibilidad y nuestro nivel de bienestar. Lo que es indudable es que la realidad nos ha puesto los PIES EN EL SUELO; en este suelo un tanto CENAGOSO sobre el que no queríamos ver que vivíamos.
Ahora nos toca ESPABILAR y ponernos a TRABAJAR, si es que ya se nos ha quitado la tontería, que tengo mis dudas... Trabajar duramente y con dosis extra de HUMILDAD, sí, pero también con OPTIMISMO e ILUSIÓN. QUE SI QUEREMOS... ¡PODEMOS!
Emilio M.