CORRER SABIENDO DÓNDE SE VA: LA IMPORTANCIA DE LA DIMENSIÓN ESTRATÉGICA.
3 de 3. LA IMPORTANCIA DE TENER UNA VISIÓN ESTRATÉGICA


El culto al progreso ha derivado en un culto a la celeridad en todos los ámbitos de la actividad humana. Este planteamiento, tal y como se plantea en la actualidad, es erróneo: daña enormemente nuestra calidad de vida, nos hace perder el norte y el control sobre nuestro destino y puede poner en peligro el propio progreso (que es deseable pero no a cualquier precio). Comprender el problema, como siempre, es el primer paso hacia su superación. De hecho, el correcto planteamiento del problema lleva implícita la solución.

3. LA IMPORTANCIA DE TENER UNA VISIÓN ESTRATÉGICA

"El arte de la estrategia es de importancia vital para el país.
Es el terreno de la vida y la muerte,
el camino a la seguridad o la ruina"

Sun Tzu (544 a.C. - 496 a.C.)

Ni que decir tiene que esa dimensión estratégica de nuestra actuación (y, por extensión, de nuestro vivir) es mucho más importante que la dimensión operativa. ¿Por qué? Muy sencillo: malo es cuando se dirige lentamente a su destino, pero es mucho peor cuando ni siquiera sabe a dónde se va. Lo más habitual es que, cuando no se tiene clara la meta, se termine donde justamente no se quiere terminar. En estos casos, correr muy rápido suele implicar LLEGAR MUY PRONTO A NINGUNA PARTE. Por eso, lo primero, y más importante, es determinar el punto de destino, la carretera mejor preparada para correr y el vehículo que mejor se adapte a los obstáculos de esa carretera. No siempre tiene por qué elegirse el más rápido.

Realmente, el problema de fondo consiste en que hemos ido haciendo de las RUTINAS LA RAZÓN DE NUESTRA VIDA sin que las hayamos dotado de ese elemento conductor y ordenador que son las metas, los principios y una estrategia fiable. Es como si ese mismo culto a la urgencia arrinconara el cultivo de esta otra dimensión que es la que verdaderamente da la talla de nuestra grandeza y el sentido de nuestra vida. El culto a la urgencia, a la riqueza, al estatus destacado, a su apariencia (cuando la realidad muestre lo contrario), al mérito, no es más que la manifestación de esa SENSACIÓN DE EXTRAVÍO que siente el ser humano moderno, de su ESTRÉS y de su INSATISFACCIÓN. Hemos confundido el buen obrar con el obrar con rapidez, cuando no siempre son compatibles.

¿Y por qué hemos llegado a este punto? Porque esa dimensión estratégica —la que determina nuestras metas, valores e itinerarios— requiere de reflexión detenida, de esfuerzo creador, de contrastación continúa, de espíritu emprendedor y de capacidad para afrontar riesgos (especialmente el de equivocarse). Y por ello mismo, requiere de tiempo, de lentitud, de silencio y de un gran esfuerzo intelectual. Requiere madurez, sensatez, introspección, un conocimiento amplio del mundo en el que vivimos y del pasado. REQUIERE DE MUCHAS HORAS DE REFLEXIÓN, PRUEBA, REVISIÓN, SÍNTESIS, CORRECCIÓN.... Realmente es infinitamente más fácil vivir en los hábitos rutinarios y superficiales, por muy aburridos que sean. También es mucho más fácil evolucionar buscando la manera de acelerar el paso que buscar itinerarios más directos o vehículos conceptualmente diferentes. Vivimos en la TRAMPA DE NUESTRAS ASPIRACIONES DE COMODIDAD aunque, paradójicamente, al final la alternativa que escogemos (la de extremar la dimensión operativa) nos exige una vida más agitada y estresante.

Dicho todo lo cual podemos concluir que necesitamos definir nuestra idiosincrasia, concretar el ESPACIO FÍSICO, INTELECTUAL, ESPIRITUAL Y EMOCIONAL en el que queremos desarrollar nuestra vida. Y la forma en que se concrete esta dimensión estratégica debe determinar la materia constituyente de nuestros hábitos y rutinas, NO AL REVÉS. Por eso necesitamos de la REFLEXIÓN, de la INTROSPECCIÓN, del ANÁLISIS CRÍTICO de la experiencia propia y ajena, de la LENTITUD, del DIÁLOGO con nosotros mismos y con los demás, de la degustación del ARTE en cualquiera de sus formas y de la BELLEZA, del desempeño de empleos en cuya realización encontremos la ILUSIÓN de unas metas en las que NOS REALICEMOS de alguna forma como seres humanos, del disfrute de una CONVIVENCIA mutuamente enriquecedora intelectual y emocionalmente. SIN ESTE NORTE, TODO LO DEMÁS TIENE POCO SENTIDO.

Emilio Muñoz
Soluciones reales de gestión para la empresa
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